miércoles, 11 de mayo de 2016

LOS PRIMEROS SERES HUMANOS

LOS PRIMEROS SERES HUMANOS

Nuestra Tierra tiene casi cinco mil millones de años. Desde hace tres mil millones hay vida sobre ella, y hace quince millones co­menzó la evolución que llevó hasta la aparición del ser humano. Los pasos requeridos para que surgieran unos seres parecidos a no­sotros fueron innumerables. Aunque en este terreno quedan por resolver aún muchas cuestiones, los científicos pueden esbozar a grandes rasgos esa evolución. Nada les ha ayudado tanto en esta ta­rea como ciertos hallazgos de huesos y utensilios.

Parece ser que los primeros seres «prehumanos» comenzaron a caminar de pie hace ya más de cinco millones de años. Al hacer­lo, sus extremidades delanteras quedaron libres y pudieron evolu­cionar hasta convertirse en manos. El volumen del cerebro de esos seres vivos se triplicó durante los siguientes tres millones de años y los «prehumanos» se convirtieron en «protohumanos». Eran ca­paces de utilizar piedras y madera a modo de utensilios. Y como el material de esos instrumentos de los primeros humanos era la piedra, se denomina Edad de Piedra a los primeros 5.000.000 años de la historia de la humanidad.

Desde aquellos primeros seres humanos de la Edad de Piedra hasta el hombre moderno, llamado Homo sapiens, quedaba aún por recorrer un largo camino. Los primeros representantes de este nuevo ser humano, nuestros antepasados directos, fue­ron los llamados hombres del Cromagnon. Se les puso este nombre por el lugar del suroeste francés donde fueron hallados; pero pro­venían de África. Unos 40.000 años antes se habían trasladado des­de allí hasta Asia, Europa y—a través del paso terrestre existente aún entre Siberia y Alaska—América del Norte.

Los primeros seres humanos vivían en grupos—«hordas»— de 20 a 50 miembros como cazadores y recolectores. Se alojaban en cuevas, chozas sencillas de ramas o tiendas hechas de pieles de animales. Sin embargo, no las habitaban de forma permanente; al ser nómadas, seguían a los rebaños que les proporcionaban ali­mento y vestido y migraban coincidiendo con las estaciones. Eran más inteligentes que los «protohumanos» y cazaban con mayor habilidad: además de la lanza inventaron la flecha y el arco, exca­vaban trampas y apresaban animales salvajes con lazos. Sirviéndose de utensilios cada vez mejores, ahuecaban troncos de árbo­les y los utilizaban como botes. Pronto aprendieron a capturar también peces con lanzas y con las primeras redes. Como ya do­minaban el arte de hacer fuego, podían asar carne y pescado y hacerlos así más comestibles. Al parecer, transmitían sus conocimientos y técnicas de trabajo de generación en generación. Así pues, podemos dar por supuesto que poseían un lenguaje bien caracterizado. La evolución precisa de ese lenguaje sigue siendo to­davía un gran enigma científico. Lo que sí es cierto es que ese tipo de lenguaje fue la condición previa para regular la vida cotidiana en grandes grupos y mejorar aún más la colaboración entre sus miembros.

Hubo un momento en que los seres humanos no dedicaron ya todo su tiempo y fuerzas para cazar animales y recolectar frutos; en cualquier caso, desarrollaron cierto sentido para las cosas be­llas. Elaboraron pulseras y collares con dientes, conchas y perlas, crearon figuras de piedra y hueso y ornamentaron sus armas y utensilios con relieves tallados. Así fue como aparecieron las pri­meras grandes obras de arte de la humanidad: las pinturas de un gran número de cuevas de Europa, por ejemplo las figuras de Lascaux, en Francia, y Altamira, en España, con sus 20.000 años de antigüedad. Nadie sabe con exactitud por qué crearon los seres humanos esas figuras tan sorprendentes. Es posible que, repre­sentando a los animales, quisieran conseguir alguna fuerza secre­ta para tener éxito en la caza; quizá ejecutaban danzas de conjuro ante aquellas imágenes a la luz de antorchas para granjearse la amistad de sus diosas o dioses—si es que creían en tales seres. Así lo suponen los científicos que estudian los orígenes de la reli­gión. Lo deducen de la manera de enterrar a los muertos, sobre todo de los objetos hallados en las tumbas y que no pudieron ha­ber tenido otra finalidad que proteger y acompañar a los difuntos. También lo deducen de ciertas obras artísticas que fueron crea­das, muy probablemente, por motivos religiosos. Tal es el caso de la famosa Venus de Willendorf, interpretada—con mucho funda­mento—como una diosa de la fertilidad. Y aunque esas interpre­taciones vayan, quizá, demasiado lejos, no hay duda de que los creadores de la Venus de Willendorf y de las pinturas rupestres es­tuvieron estrechamente emparentados con nosotros.
Extraído de: MAI, Manfred, Breve historia del mundo para jóvenes lectores,
 Océano – Península - Atalaya, Barcelona, 2002.
EJERCICIOS:
Lee el texto, subraya las palabras que no comprendas, búscalas en el diccionario y relee hasta que lo comprendas.
Lee el capítulo 2 del manual de Historia de Primero con el tema Prehistoria.
Contesta estas preguntas:
1.       ¿Qué período de la Prehistoria describe este texto? ¿Por qué?
2.       ¿Qué significa vivir en hordas?  ¿Nosotros vivimos en hordas?  ¿Por qué en el Paleolítico vivían en hordas?
3.       ¿Qué es ser nómada? ¿Por qué eran nómadas los seres humanos en el Paleolítico?
4.       ¿Con qué y cómo se alimentaban los seres humanos en ese período?
5.       ¿Por qué creen los investigadores que estos primeros Homo sapiens tenían un lenguaje desarrollado?
6.       ¿Por qué crees que los seres humanos de este período realizaban objetos bellos?

7.       Dibuja o pega imágenes que representen lo leído.

miércoles, 27 de abril de 2016

Caminando con Cavernícolas - Documental


Es muy interesante mirar este grupo de documentales de la BBC de Londres (la televisión estatal de Gran Bretaña)

Caminando con cavernícolas, son 4 capítulos, el director y productor es Richard Dale, BBC - Discovery Channel - ProSieben, Reino Unido, 2003.

Dejo algunos link:

http://www.dailymotion.com/video/x2jgi20

http://www.dailymotion.com/video/x2jgi4p_documental-caminando-con-cavernicolas-2-hermanos-de-sangre_tv



http://www.dailymotion.com/video/x2jgiaf_documental-caminando-con-cavernicolas-4-los-supervivientes_tv

EVOLUCIÓN HUMANA EN MAPAS





viernes, 23 de octubre de 2015

EXPANSIÓN GRIEGA - MAPAS


Con este mapa utilizando las referencias para interpretar la información puedes comprender mejor el proceso de expansión griega

jueves, 17 de septiembre de 2015

CIVILIZACIÓN GRIEGA: LECTURA

LOS CIMIENTOS DEL MUNDO MODERNO


Democracia, filosofía, escuela, biblioteca, teatro, música, arquitec­to, matemáticas, biología y pediatra son palabras que empleamos con toda naturalidad sin pensar en su origen. Todas provienen de la Grecia antigua y aluden al legado que hemos recibido de «los antiguos griegos»: los fundamentos de la política, la ciencia, el arte y la literatura.


Al hablar de la Grecia antigua no debemos imaginar, sin em­bargo, un Estado unificado. Hacia el 700 a.C. había en aquel país abrupto muchos pequeños Estados surgidos en las llanuras fértiles a los pies de las cordilleras, junto a la costa y en las islas. El centro de esos pequeños Estados era una ciudad; por eso se habla de ciu­dades Estado. Los griegos daban a esas ciudades Estado el nombre de «polis».Cada polis se preocupaba por mantener su libertad e in­dependencia frente a las demás. Para garantizarlo se reclutaban tropas y se entablaban guerras a menudo.

 Esparta y Atenas acabaron siendo—aunque por medios dis­tintos—las dos ciudades principales. En el sur de la península del Peloponeso, Esparta, con sus soldados bien formados, venció y ocupó una ciudad tras otra y convirtió en esclavos a quienes no eran espartanos. Pero aquella gente no estaba dispuesta a sopor­tar sin quejas y para siempre una existencia esclava y se produje­ron revueltas y sublevaciones. Casi todos los espartanos varones hubieron de hacerse soldados para mantener en jaque a los escla­vos, muy superiores en número.
 
Sur de la península del Peloponeso
Entrenamiento de los jóvenes espartanos (muchachos y muchachas)
Tras haber derrotado a aquellos esclavos insurrectos, los espartanos continuaron en estado de alerta, es decir, siguieron siendo soldados. Los jóvenes eran educados desde niños para el combate. A los siete años debían dejar la casa paterna y comen­zaba su formación. Para endurecerles, no les estaba permitido llevar calzado y sólo podían vestir ropas ligeras. Recibían una ali­mentación escasa para que, más tarde, supieran también salir adelante con poco. Si alguien creía que la comida era demasiado insuficiente, debía lograr complementarla por sí mismo—como hacen los soldados en la guerra—. Sólo se castigaba a quien se dejaba descubrir mientras robaba. Las pruebas de valor y las competiciones formaban también parte de la instrucción militar preparatoria. Así, cuando eran azotados, se proclamaba vencedor al muchacho que soportase más latigazos sin lanzar un grito de dolor.




Esparta llegó a ser con aquellos soldados la potencia militar más fuerte de Grecia. Los logros culturales de los espartanos fue­ron, en cambio, insignificantes.
Hoplita espartano

 En la zona de dominio de Atenas, en la península del Ática, hubo también agitación social, pues allí los terratenientes ricos y aristócratas oprimían y explotaban a los campesinos. Sin embargo, los ciudadanos atenienses no quisieron reaccionar con tanta brutalidad como los espartanos. Los atenienses se vieron, no obstante, obligados a hacer algo para que no se produjeran levantamientos, como había ocurrido en Esparta, e inventaron un cargo de mediador aceptable para ambas partes. Hallaron al hombre adecuado en la persona del sabio Solón (c. 640-561 a.C.). Solón ordenó limitar la propiedad del suelo para que los nobles ricos no pudieran adquirir más y más tierras. Se dio la libertad a los campesinos empobrecidos que habían acabado en la esclavitud y, en adelante, no se pudo ya vender como esclavos a los ciudadanos endeudados; además, se les condonaron sus deudas. Solón revocó las duras leyes penales dictadas por su predecesor Dracón (origen de las «leyes draconianas»). Sin embargo, su ley de mayor trascendencia fue la que estableció que, a partir de entonces, el poder de decisión en Atenas no estaría ya en manos de un rey «divino» o un pequeño grupo de aristócratas, sino en las de los propios ciudadanos, que deberían reunirse en la asamblea del pueblo cuarenta veces al año, por lo menos, para debatir todos los asuntos importantes de la polis, acordar las leyes y decidir sobre la guerra y la paz. Para los negocios corrientes de gobierno se previó crear un consejo para el que podían ser elegidos ciudadanos de prestigio. Un tribunal popular velaba por el cumplimiento de las leyes. De ese modo, Solón creó una forma de poder completamente nueva denominada democracia, «poder del pueblo».


La democracia ateniense era imperfecta desde un punto de vista actual, pues el poder era ejercido sólo por una pequeña parte del pueblo: los hombres libres. Cuando se habla de ciudadanos de Ate­nas se alude únicamente a ellos. Las mujeres, que según la opinión (masculina) dominante carecían de capacidad para tener voz pú­blica y habían quedado confinadas al hogar, estaban tan excluidas como los esclavos y los metecos (así se llamaba a los extranjeros llegados a la ciudad). Sin embargo, dadas las circunstancias de la época, aquella forma de poder representaba un avance sensacio­nal - a principios del siglo XX, la mayoría de los Estados del mun­do no habían progresado más que los atenienses.


La consecuencia de las reformas de Solón y sus sucesores, Clís­tenes y Pisístrato, no fue sólo una nueva forma de poder sino tam­bién un nuevo modo de vida, al menos para los ciudadanos de Atenas, a los que no se podía aplicar ya el principio de ordeno y mando sino el de expresión y réplica. Quien quisiera convencer a los demás necesitaba buenos argumentos que debía exponer con habilidad. Con aquel método de reflexión y discurso público me­diante el cual se ilustraba un asunto desde todas sus facetas, los atenienses inventaron de paso la filosofía. Liberaron el pensa­miento de su dependencia de la religión y lo hicieron autónomo. A partir de ese momento fue posible tener ideas nuevas sobre los seres humanos y los dioses, el cielo y la Tierra.  Entre los años 470 y 320 a.C., Atenas produjo, en las personas de Sócrates, Platón y Aristóteles, tres filósofos que han dejado su huella hasta nuestros tiempos en el pensamiento occidental.

Atenas sentó también nuevos criterios en arte y arquitectura. Los templos de la Acrópolis y las estatuas erigidas allí y en las pla­zas de la ciudad llegaron a ser imágenes ideales para el arte occidental arquitectónico y escultórico. 


Las primeras obras de la literatura mundial - los poemas épicos de Homero, la Ilíada y la Odisea, las tragedias y comedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides, que se representaban todas las primaveras en honor del dios Dio­nisos y que se incluyen hasta hoy en los programas de los teatros del mundo entero - se deben también a autores griegos.



Los hijos de los ciudadanos de Atenas fueron los primeros que asistieron a una escuela en el sentido actual de la palabra. Su es­colarización iba de los siete a los catorce años. 
Aprendían a leer, escribir y hacer cuentas y se valoraba la formación musical; todos los muchachos debían saber tocar al menos la flauta o la lira, una pequeña arpa. 
A medida que cumplían años se les enseñaba el arte de pronunciar discursos - la retórica -. También se dedica­ban al estudio de la literatura griega, sobre todo las leyendas de Homero, algunos de cuyos pasajes importantes aprendían de me­moria. 

Una vez cumplidos los catorce años, la formación deporti­va pasaba a ocupar el primer lugar. Esta formación se realizaba en el «Gymnásion», una especie de escuela de deportes de cuyo programa formaban parte la gimnasia, la lucha, el boxeo, la esgrima, las carreras y el lanzamiento de disco y jabalina. 

El fortalecimien­to físico cumplía, por un lado, una finalidad militar, pues todo ciudadano estaba obligado a defender la polis; pero en el gimna­sio se promocionaba, por otra parte, a los que estaban dotados para el deporte, pues quienes pertenecían al grupo de los mejores y se entrenaban con diligencia, incluso después de la jornada es­colar, tenían la oportunidad de participar en los juegos olímpicos, celebrados cada cuatro años desde el 776 a.C. Dicha posibilidad constituía el máximo honor para cualquier ciudadano griego. 





Durante los juegos Olímpicos, ninguna polis podía hacer la guerra a otra; debía imperar la paz para que los mejores hombres de toda Grecia pudieran enfrentarse en las competiciones deportivas. Los vence­dores eran homenajeados y recibidos en su ciudad como héroes. Quedaban exentos del pago de impuestos, eran mantenidos de por vida a cargo de la ciudad a la que habían contribuido a hon­rar y se les otorgaba una localidad de honor en el teatro. Los altos rendimientos deportivos valían la pena ya en aquellos tiempos.

Extraído de: MAI, Manfred, Breve historia del mundo para jóvenes lectores, 
Océano, Península, Atalaya, Barcelona, 2004 /2002

Biblioteca del Instituto Goethe

Civilización griega: video entretenido

Grandes Civilizaciones de la Historia: Los Griegos



https://www.youtube.com/watch?v=VjRUeTpn1pQ